Viviendo y aprendiendo
Todos somos humanos.
Con mil y un maneras de ser distintos.
Blancos y negros, creyentes y ateos, ricos y pobres.
Humanos por igual.
Llenaremos nuestras mochilas de responsabilidades, deudas y pasiones.
Susceptibles al enojo, la tristeza y la frustración; podemos complicar nuestra existencia de manera irreparable… en un segundo y sin vuelta atrás.
El error forma parte de nuestra naturaleza, y una acción no define a la persona.
Porque Dios absuelve al pecador arrepentido.
«Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.» — 1 Juan 1:9
Pero confesar no basta cuando las acciones se repiten ciegamente.
Recibir el perdón de Dios implica respetar su voluntad, y poner al frente el poder de decisión que Él nos otorgó.
“Tenemos dos caminos: el camino derecho y el camino torcido” – son palabras de Leo, el presidente del barrio Santa Eugenia, la sede principal de Cireneos.
Oír hablar a Leo por más de una hora me dejó una percepción muy clara del bien y el mal, además de un sentimiento profundo de lamento por mis equivocaciones y agradecimiento por mis bendiciones.
En esa pequeña habitación en donde realicé esta primera entrevista, las paredes sociales se disolvieron completamente, y éramos solo dos hombres que conocen bien el camino derecho y el camino torcido.
Una disyuntiva que atormenta al ser humano sin importar su estrato social.
“La plata tiene olor a todo” – dice Leo casualmente.
“La plata tiene olor a muerte, porque aunque puede ayudar a vivir mejor, por plata se han matado familias.”
“No le puedo creer a alguien que dice ser feliz porque tiene plata.”
Leo sabe bien lo que es vivir sin plata.
Y al parecer nada le hace mejor que recordar esos días de lucha, cuando no tenía más que el amor de su madre.
“En una época vivimos en un rancho de lata en el Parque Rivera, hasta que un día vino el viento y nos lo voló.”
Con la precariedad máxima soplando en su contra, la mamá de Leo igual se esforzaba por ser un buen guía moral.
Dejándolo todo, a pesar de no tener nada, para obsequiarle a sus hijos el recurso más valioso:
Los valores.
“Después tuvimos una vivienda más decente, y por ayudar a otros y darles un lugar donde vivir, nos terminamos quedando sin casa.”
Si esto no es lo opuesto al egoísmo, no sé lo que es.
Leo aspiraba a mantenerse sobre el camino derecho, con el fin de honrar el sacrificio de su mayor modelo a seguir. Dándolo todo para compensar cada gota de sudor, sangre y lágrimas que su mamá pudo haber derramado por las calles de Montevideo.
Pero en este mundo no hay nada más complicado que la mente humana, que en un segundo te traiciona y te quita el control.
Llevando a cualquiera al borde del abismo, dándonos la capacidad de cometer atrocidades previamente inconcebibles.
El cuerpo y la mente de Leo complotaron en su contra.
Perpetraron el crimen final contra dos almas de la vuelta, condenándolo a 8 años preso en el Comcar y en el Penal de Libertad.
Los que tenemos menos calle que el océano solemos asumir que, cuando pasan estas cosas en barrios poco privilegiados, es porque hay droga de por medio.
Pero este no es el caso.
No hay nada en este mundo que Leo desprecie más que la droga.
El tipo proclama firmemente nunca haber tomado alcohol, fumado marihuana o consumido nada extraño.
Él me remarca lo mucho que le gusta aprender de los errores de los demás. Si aquel lo hizo y terminó mal, entonces mejor ni intentarlo, ¿no?
“Yo he visto gente morir por droga.”
“Después están los que miran de frente al que se acaba de morir y dicen ‘a mi no me va a pasar lo mismo’… mintiéndose para seguirse drogando.”
“Tanto en las calles como en la prisión, hay gente que no tiene por qué vivir”.
Leo no cayó en esa.
Daba lo mismo si él estaba privado de su libertad, no iba a dejar que el sistema carcelario lo atrapara.
En su lugar, decidió maximizar el tiempo de reflexión, aprovechando su sentencia para leer cuidadosamente el sistema judicial, y pedir uno por uno los permisos de los presos que ya estaban tirando la toalla.
“Viviendo y aprendiendo, yo siempre fui estudioso.”
Cuando las papas queman, es fácil acostarse, cerrar los ojos y no querer abrirlos nunca más.
Olvidar los motivos que tenemos para vivir e ignorar todo el bien que aún podemos hacer.
Al fin y al cabo, ¿de qué sirven nuestras equivocaciones si no es para aprender? Aceptar lo que hemos hecho y dedicar nuestros futuros a un propósito mayor.
Ahora, Leo vive de manera altruista, ayudando a los vecinos de Santa Eugenia y Colmena de la mano de Cireneos; siendo un vivo ejemplo de lo que se puede lograr con educación y con fé.
Honrando el legado de su madre, y construyendo mejores circunstancias para sus hijos.
“Reforzá el corazón, porque vas a llorar con él y vas a reír con él.” – Leonardo Frontora.
Que tu reflejo en el espejo reciba el mismo trato que Jesús destinó para los niños de Dios.
Misericordia y compasión, extendiéndole la mano a aquel que vuelve a nacer.
Si, al final del día, todos somos (y seremos) simples seres humanos…
Escrito exclusivamente para Cireneos.org/blog.

